Las cosas se hacen con la gente o no se hacen…

 

La semana pasada, en la localidad de Ituzaingó, se realizó una reunión organizada por la comunidad, en acuerdo con el comando de Jefatura de  Policía.  A esa reunión asistimos invitados por los vecinos, que preocupados y ocupados por una decisión que afectaría a la zona, se movilizaron y trabajaron en conjunto con vecinos de Pueblo Nuevo, 18 de Julio y Capurro.

A nuestro entender, debemos destacar la movilización de la ciudadanía y la respuesta de las autoridades frente a las necesidades de la gente. Mucho se habla de que las decisiones se toman detrás de un escritorio sin tener en cuenta lo que pasa en el territorio y aquí quedó claro que hay una forma diferente de tomar decisiones, consultando y construyendo en interacción con la sociedad civil.

Lo que sucedió en Ituzaingó, considero que responde a una nueva forma de gobernar, denominada Gobernanza.

La Gobernanza implica generar ámbitos de interacciones entre lo público, lo privado y la sociedad civil. Esta nueva configuración  en el relacionamiento nos enfrenta a grandes desafíos, debido a que esa interacción implica que haya una actualización de las organizaciones públicas y un cambio de cultura institucional.

Un gobierno que direcciona su acción hacia la construcción de redes de interacción entre el ámbito público y la sociedad civil, requiere importantes dosis de construcción de consensos. Esos consensos se construyen en el territorio, generando ámbitos de participación ciudadana; se construye  escuchando, no imponiendo.

Esta forma de gobernar cambia la cultura de administración de la política y del poder, pasando desde el gobierno emprendedor al gobierno socio y/o facilitador.

Los ciudadanos deben ser parte activa de la construcción y ejecución de las políticas públicas, dejando de lado el rol pasivo para asumir el protagonismo, junto con el Estado, en el quehacer público.

En teoría ésto parece sencillo, pero realmente no lo es. Esta nueva forma de administrar el poder implica romper con la cultura del Estado paternalista, del Estado omnipresente y del sistema político clientelista. La implicancia de los políticos en asuntos privados debe ser de facilitador y no de hacedor. El político asesorando y gestionando en conjunto con los ciudadanos, nunca haciendo por ellos. Romper esta cultura política va a ser un proceso de largo plazo, pero ese debe ser el objetivo de aquellos que creemos en la construcción de una sociedad con ciudadanos librepensadores.

La democracia republicana requiere de todas las voces interactuando y en esa dialéctica, van a surgir diferentes visiones acerca de cómo afrontar determinadas situaciones, por lo tanto, la pluralidad de ideas y de enfoques son necesarios. Para ello la clave está en saber organizar un espacio público de deliberación basado en normas y procedimientos que generen confianza en la estructura. Hoy sabemos que nadie tiene el conocimiento suficiente para resolver unilateralmente cuestiones complejas, lo que nos obliga a interrelacionarnos. En este marco, las decisiones no son fáciles y quedan sujetas a revisión frecuente. El sistema político y los administradores públicos requieren de una importante dosis de autocrítica y de humildad para reconocer cuando una política o decisión es errónea y requiere revisión.

Lo que sucedió en Ituzaingó fue un buen ejemplo de ello. Creo que ese es el camino correcto para gobernar.

 

Javier Gutiérrez

Edil Departamental

Licenciado en Ciencia Política – UDELAR