Carta del compañero Eduardo de León

A propósito de una información publicada hoy, por el diario EL OBSERVADOR

Una prensa que cumple su función de contralor de todos los poderes y responsabilidades de la sociedad es necesaria para construir una opinión pública informada. Y desde luego ello supone la obligación profesional de investigar y sopesar la calidad de la información de las fuentes que utiliza de acuerdo a sus propios criterios profesionales y deontológicos. Como soy el centro de la nota publicada hoy por Martín Natalevich voy a realizar los siguientes comentarios en el tema de la misma.

1.Soy parte de lo que algunos llamaron la “generación perdida” porque crecimos bajo la campana gris y triste de la dictadura cívico militar. Inicié mis estudios universitarios hacia 1977 en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Facultad de Humanidades y Ciencias (aprobé varias materias de Antropología e Historia). Hacia 1980 comprendí el verdadero sentido de mi vocación como científico y técnico en los cursos del CLAEH y entre 1981 y 1982 cursé, junto a un amplio grupo de estudiantes, el Grado en Sociología del Desarrollo con docentes de la calidad de César Aguiar, Luis Eduardo González, Horacio Martorelli, Alfredo Errandonea, Israel Wonsewer, Alicia Melgar, entre tantos otros,  la mayoría de los cuales tenían prohibido dictar cursos en la Universidad de la República intervenida.

     Luego de un proceso de selección CIESU, me escogió junto a un pequeño grupo de ocho estudiantes para realizar un proceso – financiado enteramente por becas de IDRC – de “Postgrado de Sociología” entre 1983 y 1984 con dedicación full time con créditos por materias y aprendizaje simultáneo de tareas de asistencia en investigación de diversos proyectos. Carlos Filgueira, Héctor Apezechea, Susana Prates, Juan Rial, Juan Carlos Fortuna, Rafael Bayce, destacados investigadores extranjeros en ciencia política y sociología entre otros profesionales brillantes integraron aquellos planteles.

Finalmente, completando – hasta hoy – mi formación curricular en sociología, entre 1987 y 1988, también con una beca de IDRC, realicé la maestría de sociología de IUPERJ que formaba parte entonces del Conjunto Universitario Cándido Mendes en Brasil.

¿Por qué fuimos admitidos en un centro de postgrado brasileño todos los colegas uruguayos formados en CIESU y/o CLAEH que realizamos estos cursos?

Porque IUPERJ y las autoridades educativas brasileñas homologaron nuestros cuatro años de cursos –como sucedió en mi caso, otros colegas sólo realizaron uno de estos dos programas pero fue suficiente para su admisión de acuerdo a las normas brasileñas de homologación de títulos – en CLAEH primero e intensivos de CIESU después a una licenciatura.

2.Estos procesos de formación sociológica de mi generación no estaban homologados por las autoridades educativas de Uruguay por la sencilla razón de que durante la dictadura la Universidad de la República estuvo intervenida restando únicamente las opciones privadas del CLAEH, CIESU y CIEDUR. Como dejó constancia el entonces director del Departamento de Sociología de UDELAR, Alfredo Errandonea el 24 de mayo de 1995: “ 1) Que en virtud de la intervención de la Universidad emanada del Poder Ejecutivo que gobernó institucionalmente desde 1973 a 1985, no se dictó la licenciatura de sociología en aquellos años y 2) En ese lapso varias generaciones debieron recurrir a la formación en cursos de postgraduación y especialización realizados en nuestro medio.”

3.En otras palabras, hacia 1985 no había Facultad de Ciencias Sociales ni Licenciatura de Sociología. Y de hecho fuimos nosotros, egresados de CLAEH y/o CIESU primero – o, antes aún, de nuestros profesores egresados de instituciones relevantes latinoamericanas para las ciencias sociales en los años pero sin títulos de licenciaturas y que por ello fueron fundadores de la sociología en Uruguay – quienes, junto a notables docentes llegados desde el exterior, formamos a los primeros licenciados y licenciadas en sociología sin tener títulos de sociología locales. Se abría una etapa refundacional para las ciencias sociales del país.

4.Por ello – sin título homologado – gané concursos y fui docente de UDELAR en el Ciclo Básico de Ciencias Sociales en 1985 y 1986 y gané concursos de Grado 3 para Teoría Sociológica en Enfermería o para la Licenciatura, por ejemplo en 1996 y otros años, o dicté cursos para la Maestría de Ordenamiento Territorial en 2002 de Facultad de Arquitectura de UDELAR con este perfil de formación. Cuando correspondió los tribunales obviamente analizaron todas las peculiaridades de mi Currículum Vitae.

5.Tras esta recapitulación engorrosa debo decir que estoy realizando hoy el proceso de homologación de título en Uruguay junto a una universidad siguiendo la pauta definida por un Decreto del MEC al respecto.

6.Nunca he presentado un solo currículum con una información distinta ni distorsionada sobre mi trayectoria de formación. Y por el contrario he enviado a quien lo solicitara la información disponible siempre con CVs muy claros y todo el respaldo documental requerido. En todas partes, para quienes hayan tenido contacto personal conmigo, cuando ha surgido el tema de conversación, he descripto mi historia de formación y no he firmado CVs ni otros documentos arrogándome títulos de licenciado ni master ni doctor.

7.Si en mi perfil de Facebook aparece una lacónica referencia en formación alcanzada a “Universidad de la República” ello se debe, por un lado a que hasta 1980 aprobé 18 materias de estudios de abogacía y me faltaron dos materias para completar la carrera de Procurador y a que aprobé unos cuatro cursos en la Facultad de Humanidades. Y por otro lado se debe a una finalidad de dejar constancia del nivel educativo alcanzado al sólo efecto de ilustrar elementos para el diálogo en esa red social.

8.En OEA, OPP, en el PIAI – en el cual gané 7 licitaciones técnicas durante el gobierno del Dr. Jorge Batlle en distintas consultoras – en MEMFOD, en el FAS, PNUD, MIDES (en el cual gané también varias licitaciones técnicas) durante gobiernos de signos políticos todos diferentes, siempre presenté el mismo CV de formación curricular con los agregados evidentes de la labor profesional.

9.Fue con esa transparencia, franqueza y con conocimiento de todas y todos mis colegas fundadores que impulsé la fundación del Colegio de Sociólogos del Uruguay siendo electo su primer Presidente hasta el año 2000 por un elevado número de votos de colegas de la comunidad, cargo renovado en una segunda oportunidad. En ese entonces había muchos colegas que se encontraban en mi situación. Éramos docentes de futuros licenciados sin licenciaturas y profesionales sin homologación de título profesional. Una situación propia no sólo de la dictadura militar sino también del retraso notable de la institucionalización de la sociología en el Uruguay en comparación con el resto de América Latina. Pero mi vida personal luego tomó otros rumbos.

10.El Consejo Directivo Central de la UDELAR en una histórica resolución que incluyó reconocimientos particulares de competencia notoria a figuras fundadoras de la profesión en Uruguay que carecían de título universitario de licenciatura en sociología como César Aguiar, Luis Eduardo González, Carlos Filgueira entre muchos otros, pero también reconoció en general los estudios realizados en los centros privados de sociología (CIESU, CLAEH, CIEDUR) durante la dictadura cívico militar y la intervención para habilitar procesos de homologación.

11.El Colegio de Sociólogos del Uruguay hizo lo propio en varias resoluciones fundadas en el reconocimiento de la competencia notoria para los colegas que habíamos realizado estudios durante la dictadura.

II. Sobre los aspectos de la nota referidos a mi relación con OPP debo reiterar lo que ya señalé al periodista de El Observador:

  • Tanto mi ingreso – invitado por Fernando Filgueira estando yo trabajando entonces en una Misión de Paz en Colombia – a la OPP en setiembre de 2008 y las actividades dentro de la misma están reflejadas en mi propio CV hoy actualizado.
  • Desde mi contratación por AGEV/OPP en agosto de 2008 desempeñé tareas de tipo técnico político estando a cargo de funciones de asesoramiento a las máximas autoridades de OPP y generando – con todo un equipo – una producción de materiales sistemática de frecuencia semanal que en el gobierno pasado eran remitidas directamente a la dirección de OPP y eventualmente entregadas personalmente al presidente de la república y otras autoridades de gobierno según lo definido por la dirección. Las valoraciones que llevaron a renovar mis contrataciones no me corresponden y aprobé todas las pruebas realizadas.
  • Hacia la segunda mitad del gobierno del Presidente Mujica comenzó un proceso de presupuestación opcional en el que no ingresé exactamente por las mismas razones que luego llevaron a mi renuncia a la nueva oportunidad de presupuestación durante el actual gobierno: sentimiento de restricción de oportunidades laborales y multiplicidad de contactos, estabilidad a cambio de un sentimiento de fijación institucional positiva pero que conlleva pérdidas de contactos con otros aspectos de nuestro mundo. También dudas y desacuerdos sobre aspectos o conveniencias de estos procesos y algunas de las normas de la función pública aprobadas. Muchos de mis compañeros me dijeron que estaba loco porque hubo una masiva presupuestación.
  • En todos los casos realicé todas las pruebas solicitadas por las autoridades. No entiendo, pero yo no soy periodista, la preocupación particular del periodista de El Observador a este respecto.

Al margen de lo que declaren o no las autoridades de OPP dentro de sus definiciones políticas de comunicación realicé la prueba para el ingreso a funcionario presupuestado como parte de un largo proceso que luego continuaría, fue la más exigente de todas y me permitió refrescar y actualizar mis conocimientos jurídicos sobre el Estado. Pero seguí también esta etapa con dudas dentro de mí.

  • Por ello renuncié a OPP por razones personales. Entre las razones personales se destacan, sin dejar de colaborar técnicamente con OPP, la necesidad sentida de amplificar mi horizonte de vínculos laborales más allá de la rigidez de un horario exigente de 8 horas que son más en los hechos y con dedicación exclusiva.
  • Y entre estas razones también me surgió la duda, conversando con una funcionaria administrativa, sobre el perfil profesional que me correspondería al concluir el largo proceso de presupuestación como funcionario dado que hasta el momento yo tenía diversas modalidades de contratos flexibles y funciones técnico políticas de asesoría a las  direcciones de OPP.
  • Afrontar el tema a esa altura me suponía una investigación sobre lo que ha sucedido en materia de reválidas de materias dentro de la propia UDELAR y en el marco de la resolución del CDC mencionada que no tenía ya tiempo de encarar.
  • Pero esta última duda se sumó a un proceso anterior de interrogación general sobre las bondades y la conveniencia, al menos para mí, de ingresar en el proceso de presupuestación. Sobre el tema de la titulación y el escalafón que se me asignaría hice lo que siempre había dicho: ante la duda renunciar y trabajar más que siempre.

En suma. Siempre presenté un CV absolutamente fiel a mi historia profesional. Nunca presumí ser lo que no era ni me arrogué títulos que no me correspondían. Estudié durante 6 años sociología con los docentes más prestigiosos de mi país y algunos brasileños, europeos, norteamericanos que también abrieron mi cabeza y mi corazón a nuevas ideas, nuevas teorías y problemas, nuevos métodos y cuestiones y una parte de esos estudios valiosos fueron además los únicos posibles en un país con la Universidad de la República intervenida por la dictadura. Trabajé con el máximo rigor profesional en programas de gobiernos de distinto signo político siempre en un ambiente de colaboración, equipo y cordialidad. En todas partes con dedicación total entregué lo mejor de mis esfuerzos con el mayor rigor técnico. Luché, erré, acerté. Trabajaré hasta el último aliento de mí ser con toda mi energía y espíritu de lucha, con toda honestidad y compromiso.

No creo en batallas inútiles e indeseables por alguna clase de perfección. Se trata de producir alguna clase de coherencia interior que organice la energía necesaria en la acción.

Y al fin, siempre hice lo que dije y siempre dije lo que hice. Así será

Eduardo de León

Diciembre 30 de 2016