“Queremos que el futuro del país lo construya la sociedad, no las fuerzas del mercado”

Entrevista a Fernando Isabella

Decidida a fortalecer su primer apellido, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto ha hecho en este período una apuesta estratégica por pensar el país a largo plazo mediante la creación de la Dirección de Planificación. Su nuevo director, Fernando Isabella, repasa en esta entrevista los planes de esa repartición, así como la impronta política e ideológica que los guían.

Economista, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República desde 2004, Fernando Isabella elige desde el vamos el sinceramiento: “Cualquier política que uno haga tiene un trasfondo ideológico; el decir que no lo tiene también es ideología. Esto de la planificación tiene un vínculo bastante cercano con la explicitación ideológica”, confiesa.

La explicitación no parece casual porque, a pesar de sus 38 años, ya lleva más de dos décadas con la inquietud política en la sangre: tenía 16 años cuando comenzó a militar en el Frente Amplio a través del Partido Socialista.

Isabella ingresó a la OPP en marzo de 2015 para encabezar el área de inversión pública de la nueva Dirección de Descentralización e Inversión Pública, tarea que abandonó para asumir, en marzo de este año, la dirección de Planificación. Pero antes supo colaborar en el proceso de gestación de la reforma de la salud desde la División Economía de la Salud del MSP, el espacio técnico desde donde se trabajó en el diseño del nuevo sistema. Y antes del antes recaló en el IPRU (Instituto de Promoción Económica y Social del Uruguay), en un programa de apoyo a microempresarios sin ninguna posibilidad de acceder al sistema financiero. Allí lo encontró el colapso social y económico de 2002, y de allí extrajo algunas lecciones que lo marcarían: “Cuando el sistema financiero se caía a pedazos, los microempresarios hacían un esfuerzo enorme por pagar y ese sistema se mantuvo. Ocurrió una cosa muy interesante, y es que ese sector de microempresas, que sufrió tremendamente la crisis, tenía índices de morosidad bajísimos”.

Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que el director de Planificación concedió al portal de OPP:

-Usted enfatiza que cualquier política que se haga tiene un trasfondo ideológico, aun aquella que reniega de eso. ¿Con cuál trasfondo ideológico se identifica la que se desarrolla desde la Dirección de Planificación?

-Se identifica con una visión de izquierda, con la visión de que el futuro lo construimos nosotros, no el mercado. No se trata de esperar que las fuerzas del mercado definan hacia dónde se va a desarrollar Uruguay. Obviamente, hay fuerzas de los mercados a escala internacional que inciden muchísimo, porque no vivimos aislados, pero también hay mucho de cómo el país va adaptándose a eso y tomando iniciativas que le permitan aprovechar las oportunidades que se vienen.

-¿Esa puede ser entonces una diferencia básica entre una planificación de izquierda y una de derecha?

-Exacto. La planificación de izquierda busca anticiparse a cambios que se vienen para reaccionar y poder posicionar al país. Queremos tener una actitud proactiva para aprovechar esos cambios con un objetivo claro: el desarrollo del país, que tiene que ver, entre otras cosas, con el escalamiento productivo. Se trata de ver cómo el país va transformando su estructura productiva  a partir de lo que tiene, sus recursos naturales, para llegar a eslabones de valor que sean mejor pagados y que permitan mayor autonomía frente a los mercados internacionales.

La visión tradicional del liberalismo económico es que cada país tiene que producir lo que sus ventajas comparativas le determinen. Como Uruguay  tiene mucha tierra, entonces tiene que producir recursos  primarios. Quedarnos con esa visión implica favorecer sólo a algunos sectores que están muy vinculados, por ejemplo, a la propiedad de la tierra. Implica estar para siempre supeditados a que venga la tecnología del exterior, las inversiones del exterior.

No negamos que las inversiones externas ni los recursos naturales son un factor esencial para un proceso de desarrollo, pero la idea es cómo articulamos estos factores en un proceso de desarrollo nacional que nos permita ir ganando mayores niveles de autonomía y encaminarnos hacia un futuro definido como sociedad y no dado por la fatalidad de los recursos naturales.

-En ese contexto, ¿cuál va a ser su orientación, su impronta de gestión?

-La impronta tiene que ver con esto que hablamos, con avanzar hacia un plan nacional de desarrollo entendido como un proceso que implique superar algunas de las limitaciones productivas y sociales en el país, y eso implica la transformación de su matriz productiva. Ése es el objetivo último, que no lo vamos a hacer desde acá. Desde la Dirección de Planificación no vamos a hacer el plan de educación, de salud, de industria, no es nuestra función, nuestra función es anticiparnos a escenarios probables de futuro que brinden elementos para que después los distintos organismos puedan hacer sus planes de acción concretos.
Queremos terminar con un plan nacional de desarrollo 2020-2030, que sintetice un montón de conocimiento que ya existe en la sociedad sobre tendencias de futuro para que a partir de ahí se desarrollen los distintos proyectos.

-¿Cuáles son los paradigmas que guiarán ese plan nacional de desarrollo, pensando en términos de visión política?

-El primer paradigma es esta construcción deliberada de futuro, de que este país lo construimos los uruguayos, asumiendo las limitaciones y las oportunidades que nos da el mundo. Y para llegar a un país con mayor justicia social, más rico, solidario y responsable en el uso de sus recursos naturales es necesario hacer una transformación de la matriz productiva y de la estructura de protección social.

-¿De qué hablamos cuando hablamos del cambio de la matriz productiva?

-El mundo atraviesa una revolución tecnológica dada por el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones y una convergencia con las biotecnologías. El tema es cómo hacemos para que nuestra producción aproveche las enormes oportunidades que esto genera. No es cuestión de decir “Uruguay hoy produce carne, madera, leche y dentro de 30 años va a producir satélites”. El tema es cómo aprovechamos ese proceso de convergencia tecnológica para que nuestra producción de alimentos pueda generar productos distintos y que tengan otro valor.

Algo de esto ya se ha venido haciendo, el ejemplo más claro es la trazabilidad de la carne, que es aprovechar el enorme desarrollo de las tecnologías de la información para lograr que un producto histórico, como la carne, se cotice mejor en el mercado internacional.
Hoy el desarrollo tecnológico nos permite pensar un montón de otras aplicaciones  de ese conocimiento en otros sectores productivos. Parte de nuestro trabajo es justamente hacer prospectiva en 10 sectores de la producción, como alimentos, forestal-madera, hidrocarburos-minería, turismo, tecnologías de la información, energías renovables, servicios de exportación, servicios asociados a recursos naturales, etcétera.

-¿Qué papeles juegan el Estado y el mercado en ese cambio de la matriz productiva?

-Los dos juegan roles fundamentales. Los cambios tecnológicos en el mundo están orientados fundamentalmente por las trasnacionales, que concentran una parte fundamental de la investigación en asociación con las principales universidades del mundo. El Estado tiene un rol fundamental para que esos cambios tecnológicos, y algunas otras innovaciones a partir de esos conocimientos, se adapten o no a la necesidad de desarrollo del país.

En el agro, por ejemplo, tenemos instituciones públicas de investigación que han permitido lo de la trazabilidad de la carne, o que en el arroz tengamos una de las productividades más altas del mundo. Entonces el desafío es la capacidad local de investigación para adaptar la tecnología que nos viene dada a las condiciones necesarias y generar innovación, es decir, nuevos productos o procesos productivos que permitan agregarle valor a nuestra producción y, por tanto, generar mejores condiciones de vida para la población.
Entonces el trabajo para que la innovación científica, y sobre todo la tecnológica, se dé de acuerdo a las necesidades del país en materia de inserción productiva es una cosa que debe hacer el Estado, logrando la coordinación de los diversos actores.

-¿El Estado puede ser en ese esquema cada vez más generador de riqueza?

-Puede serlo de diversas maneras. Parece poco probable que el Estado vaya a ser cada vez más empresario, que tenga nuevas empresas que generen nuevos productos. Lo fundamental es que el Estado sea un agente generador de valor estratégico a partir de la aplicación del conocimiento a la producción de las empresas en general.

-Cuando le preguntaba por la participación del Estado en la generación de riqueza también estaba pensando en el papel estratégico que han de cumplir las empresas públicas…

-Sí, hay muchos ejemplos de esa importancia estratégica. Antel sin ir más lejos, con toda la red de fibra óptica al hogar, pero también el desarrollo de las telecomunicaciones, es un factor fundamental para que hoy el sector de las tecnologías de la información, el software y demás sean fundamentales en la producción de Uruguay. Somos el país que per cápita exporta más software en Latinoamérica. Esto hubiera sido impensable sin una política de desarrollo de conexión a internet que sólo la podía generar el Estado. Esto es un ejemplo clarísimo de generación de valor y de oportunidades. Otro ejemplo clarísimo del papel rector de las empresas públicas en decisiones estratégicas es el desarrollo de las energías renovables, donde Uruguay es un líder mundial en la incorporación de energías limpias en su matriz energética. Eso no hubiera sido posible sin el rol que cumple UTE, que diseñó de manera ingeniosa formas para que hubiera inversión privada pero liderada y guiada por el Estado.

-En una entrevista reciente para este mismo portal, el director de OPP, Álvaro García, adelantó que en el gabinete de la Oficina “estamos haciendo una sistematización de los diferentes modelos de desarrollo del siglo XX y lo que va del XXI. Estamos viendo teoría, ideología, procesos que se fueron dando en distintos países para tener una base de conocimiento y pensamiento acerca de modelos de desarrollo aplicados en el mundo, particularmente con la visión y el foco de América Latina, incluyendo al Uruguay”. Luego de ese estudio, agregó, se llegará a una síntesis que se pondrá a discusión de la sociedad. ¿Cuál es el papel de la Dirección de Planificación en esa elaboración?

-Es fundamental. Participamos en esa discusión de los modelos de desarrollo porque lo primero para planificar es saber adónde queremos ir. Por ejemplo, como decíamos, queremos ir a otra estructura productiva, que no implica desconocer el potencial enorme de nuestros recursos naturales sino que implica incorporarle valor.
El mundo nos da cosas de todo tipo en materia de modelos de desarrollo. Por ejemplo, el proceso que han hecho muchos países del sudeste asiático, que en 30 años hicieron la transición desde los textiles a las tecnologías de punta, fue posible porque había determinadas condiciones sociales, como regímenes autoritarios, mano de obra cuasi esclava, que serían inaceptables para nosotros. Hay otros modelos que partieron de ciertas riquezas naturales para agregarles valor al propio producto o a servicios relacionados. Allí tenemos los ejemplos de Finlandia con la forestación y el desarrollo de tecnología asociada a las diferentes etapas del proceso productivo. El caso noruego con el petróleo es otro ejemplo: no sólo es un gran productor de crudo sino que es un productor de tecnología asociada a la prospección petrolera, que desarrolló a partir de explotar el recurso natural en condiciones extremas.

-En un país de las dimensiones de Uruguay, no parece posible discutir sobre modelos de desarrollo sin antes abordar su política internacional. ¿Cuál debería ser el esquema de inserción internacional adecuado a ese modelo de desarrollo que se está analizando?

-Tenemos previsto trabajar también temas de inserción internacional en términos prospectivos, porque es trascendente saber qué puede pasar con el mundo. Está claro que Uruguay necesita insertarse en el Mercosur, entre otras cosas porque eso le da una escala que no tiene para desarrollar sus cadenas de valor. Pero también es claro que hay que combinar la región con la posibilidad de insertarnos en los mercados más dinámicos del mundo si queremos exportar productos de alto valor agregado. Plantear una contraposición a esa doble inserción es estéril en términos políticos y de desarrollo productivo.

Si hablamos de transformar la matriz productiva, un tema que toda la izquierda ha tomado como bandera, es impensable que el país no esté inserto en los principales flujos de comercio del mundo. El Uruguay aislado es un país que va a producir carne y soja con las tecnologías y las condiciones de precios que nos vengan dadas. Si queremos un Uruguay cada vez más soberano en términos productivos tenemos que pensar en un país más integrado.

Lo fundamental con la región es la complementación productiva y sobre todo la coordinación económica, cosa que hoy no se hace. Intercambiar con Brasil y Argentina productos en la misma moneda sería fantástico, o tener políticas sanitarias comunes. Lo fundamental no es sólo la integración comercial, es ir avanzando en esas cuestiones institucionales que van a permitir superar algunas debilidades históricas del país.

-¿Cuál será la dimensión territorial, la incidencia en el territorio, que tendrá la Dirección de Planificación?

-Elegimos hacer un proyecto piloto de prospectiva regional en Tacuarembó que abarque la región noreste, donde nuestra contraparte técnica será el Centro Universitario de Tacuarembó. Allí la Universidad de la República tiene más de 40 investigadores de primer nivel mundial, y además contamos con el INIA que tiene más de 20 investigadores permanentes. Haremos un ensayo de prospectiva territorial, pensaremos la región noreste al 2050, es decir, veremos a nivel productivo cuáles son las cadenas de valor con más posibilidades de desarrollo. Y, en paralelo, estudiaremos a nivel social cómo van a evolucionar la demografía, las necesidades sanitarias, educativas, etcétera.

OPP
21 de julio 2016